Categoría: Cine y televisión
11 Junio 2009
23 Mayo 2009
¡Marchando una película de sabrosos zombies, señora!
«From dust have you come and to dust shall you return, but from dust shall you not be resurrected»
Hacía mucho que no veía una peli de zombies con la que pudiera reír a gusto. Fido no es la película de humor zombie más descuajaringante que haya visto, pero oye, está bien, es graciosa y es de zombies... ¿qué más se puede pedir? Tiene sus puntos de humor, aunque no llega a los niveles épicos de Shaun of the dead ―en España conocida con el horrible nombre de Zombies party―. También tiene sus dosis de humor negro, aunque no llegue al nivel de Braindead. Tiene sus puntitos de sangre, aunque no llega ni de lejos al nivel gore de la anteriormente citada Braindead o del producto nacional La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos. Y es buena. Quiero decir, tiene sus sordideces intencionadas, pero no hace reír por ser tan cutre y sórdida como The dead next door ―también traducida al español con el título de Mondo Zombie; un título malo, cierto, pero creedme si os digo que es lo mejor en cuanto a calidad técnica de la película―.
El problema del rechazo a lo distinto y a la integración social y racial es un tema que está muy trillado en el cine y en la literatura. Es difícil ver algo distinto hoy en día. Sin embargo, Fido consigue darle una vuelta de tuerca al asunto y reclama un lugar en el mundo para todos. Zombies incluidos.

Imaginad un futuro no muy lejano en el que los niveles de radiación y de contaminación causan un curioso efecto en los humanos: resucitan cuando mueren. Y resucitan hambrientos de carne humana; lo normal y natural en un zombie, claro. Pero los humanos no pueden aceptar este Hecho Diferencial, y empieza la caza de brujas. O más bien la caza del zombie, ya que de todos es sabido que si le destruyes el cerebro al zombie o si le cortas la cabeza, ya no volverá a levantarse por segunda vez. Los entierros se hacen muy caros, claro. Hay que asegurarse de que el fallecido no volverá con su familia (para comérsela) y por tanto hay que enterrarlo con la cabeza separada del cuerpo.
El problema es que la contaminación está por todas partes. Es decir, hay zombies por todas partes. Las ciudades están valladas y aisladas, y entre ellas está lo que se conoce como Las tierras salvajes: sencillamente, los zombies están fuera de las ciudades.
No parece un futuro muy prometedor ¿verdad?
Sin embargo, la compañía ZomCon sabe que hay muchas posibilidades de negocio en la no-muerte. Por ejemplo, ya no hacen falta cárceles: aquel que cometa un delito grave será abandonado a su suerte en Las Tierras Salvajes. Además, los no-muertos son una inagotable fuente de mano de obra barata. Así, ZomCon ha creado unos collares que permiten el control del zombie e inhiben su hambre de carne. Claro que los collares no son infalibles 100%, ya que todo instrumento electrónico es susceptible de estropearse y si lo hubiera diseñado mi empresa ya seríamos todos zombies. Comprar un zombie como mayordomo, para repartir los periódicos o simplemente para abrir las puertas del colegio es un sinónimo de estatus social y de prestigio tanto a nivel personal como a nivel empresarial o de imagen corporativa. Así que hay zombies porteros, zombies lecheros, zombies barrenderos, zombies jardineros y zombies de compañía, por poner sólo algunos ejemplos.
Bueno, todos quieren y tienen (si pueden hacer el gasto, claro está) zombies menos la familia Robinson. El padre de familia, Bill, tuvo que matar a su padre cuando no era más que un niño de 11 años durante las Guerras Zombies, pues el pobre hombre tuvo la mala suerte de morir a su lado durante la batalla... para resucitar poco después hambriento de la carne de su hijo. Esto ha traumatizado profundamente a Bill, quien teme a los zombies y se martiriza constantemente por los recuerdos. Por su parte, Helen Robinson, que vive viendo a su marido ir a la deriva (Bill ni siquiera se ha dado cuenta de que Helen está embarazada de su segundo hijo, a pesar de tener ya una barriga evidente), sabe que su matrimonio no tiene mucho arreglo, por lo que se conforma con vivir cómodamente, y por eso quiere un zombie doméstico. Y en cuanto al hijo de ambos, Timmy... bueno, es un paria entre los niños. Los matones le pegan y no tiene amigos de su edad porque los niños lo encuentran desagradable: al fin y al cabo, Timmy hace preguntas muy incómodas sobre si los zombies están vivos o muertos, si sienten, o si tienen derechos. No es de extrañar que Timmy se entusiasme un poco cuando su madre por fin adquiere un zombie, al que Timmy enseguida pondrá nombre: Fido. Ya tiene con quién jugar, y de hecho enseguida Helen y Timmy empiezan a darse cuenta de que las neuronas de los zombies no están tan muertas como pensaban. Los zombies convenientemente domesticados con collar son capaces de recordar hábitos, costumbres y vicios, como el de fumar, e incluso parecen mostrar preferencias y gustos. Y también parecen capaces de sentir algunas emociones, tanto positivas como negativas, hacia sus propietarios. Eso sí, los zombies sin collar son peligrosos porque habitualmente sólo piensan en comer carne. O al menos eso descubre Timmy cuando el collar de Fido falla y éste se come a su anciana vecina, la señora Henderson...
El caso es que la película es simpática, sin llegar casi nunca a la carcajada. Sin embargo, tiene ciertas dosis de humor negro, como por ejemplo los zombies apostados en el cartel de entrada al pueblo (están ahí, saludando con la mano todo el rato, pasen coches o no) y también una cierta dosis de sordidez que arranca sonrisas, como el vecino de los Robinson que tiene a una zombie apenas podrida a la que usa de amante después de amarrarla y quitarle el collar. No es que esté muy bien rodada, ni tampoco tiene una banda sonora memorable, ni tiene escenas de esas que quitan el aliento. Pero sí hace sonreír por la analogía social que presenta. Porque una de las cosas que plantea la película es cómo los ancianos de repente se convierten en gente que no es de fiar: nadie sabe cuándo morirán de viejos, y lo mismo se mueren y resucitan de noche... para comerse a la familia entera. Además, plantea el dilema moral de matar (redundantemente) a un ser que antes fue alguien muy querido. ¿Qué es más importante ahora: ser feliz con la familia, o simplemente sobrevivir? En la sociedad planteada, ¿quién es más humano, los humanos que sólo piensan en vivir y ya no le cogen cariño a sus seres queridos, o los zombies, que al fin y al cabo sólo siguen sus impulsos?
De una cosa sí estoy segura. A los viciosos del L4D les costará un poquito más matar a los zombies cuando vean esta película. ¿O acaso los pobres no tienen sentimientos?
10 Marzo 2009
La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, 1.967)
10 mar 09 Autor: agente_naranja En: Cine y televisiónUna de esas pelis que suelen emitir una y otra vez en la tele. Eso sí, generalmente a horas intempestivas. Escuchando Civil War, de Guns n' Roses, me he acordado de una de las más memorables citas de esta película, y no he podido resistirme a publicarla:
«What we've got here is... failure to communicate. Some men... you just can't reach. So, you get what we had here last week, which is the way he wants it... well, he gets it! I don't like it any more than you, men»
8 Febrero 2009
La noche del cazador (The night of the hunter, 1.955)
8 feb 09 Autor: agente_naranja En: Cine y televisiónDe vez en cuando viene bien ver los viejos clásicos del cine...
«Ah, little lad, you're staring at my fingers. Would you like me to tell you the little story of right-hand/left-hand? The story of good and evil? H-A-T-E! It was with this left hand that old brother Cain struck the blow that laid his brother low. L-O-V-E! You see these fingers, dear hearts? These fingers have veins that run straight to the soul of man. The right hand, friends, the hand of love»
La noche del cazador es una vieja película de 1.955 que, a día de hoy, es considerada todo un clásico en la historia del cine. Sin embargo, en su día tuvo unas críticas y una acogida tan mediocres que su director, Charles Laughton, no volvió a dirigir jamás. Y sin embargo, cuenta con un reparto bastante bueno: Robert Mitchum, Shelley Winters y Lillian Gish. Y Robert Mitchum está espléndido (salvo en un par de escenas que hacen reír, como la persecución por la escalera del sótano... por Jocántaro, si parece un zombie borracho tambaleándose...).
La película está ambientada en los duros años que siguieron a la Gran Depresión. Ben Harper, un padre de familia con mujer y dos hijos pequeños a su cargo (Willa, John y Pearl, respectivamente), roba 10.000 dólares del banco para que su familia no pase hambre, pero es descubierto y tiene que huir precipitadamente. Consigue llegar a casa, donde le esperan sus dos hijos (Pearl jugando con su muñeca favorita, y John ayudando a Pearl a atarle los lazos del pelo a la muñeca... una de las escenas más tiernas de la película, que muestra el gran amor que se tienen los dos pequeños Harper), y esconde el dinero en un lugar donde nadie lo buscaría jamás. Hace prometer a John y a Pearl que jamás le contarán a nadie dónde está el dinero, ya que es para que en el futuro no pasen hambre y si lo cuentan, se lo quitarán. Es más, mucha gente, con la desesperación, querría quitarles el dinero. Los pequeños, aunque a regañadientes, juran no hablar. Y John también promete a su padre que cuidará de Pearl y no dejará que le pase nada a su pequeña hermanita.
Ben es capturado ante los ojos de sus hijos, y sentenciado a morir en la horca. Durante la espera, es encarcelado en la misma celda en la que se encuentra el reverendo Harry Powell, un extraño y siniestro predicador con la palabra AMOR tatuada en la mano derecha y la palabra ODIO en la izquierda. El predicador ha sido encarcelado por 30 días a causa del robo de un vehículo; lo que nadie sabe es que este hombre dice oír la voz de Yahvé, que le ordena matar pecadoras de piel suave, pelo rizado y mucho perfume. Lleva ya unas cuantas mujeres muertas a sus espaldas, si bien los crímenes permanecen sin resolver y sin relacionarse ni siquiera remotamente con él. El caso es que Ben Harper tiene la fea costumbre de hablar en sueños, y así Harry deduce que el dinero de Ben aún anda por algún sitio, y que sus hijos saben algo al respecto. Creyendo que se trata de una señal de Dios para financiar las actividades siniestras que realiza como servicio a la Humanidad, Harry espera pacientemente su liberación para acudir a buscar a la viuda Willa y a los dos huérfanos. Total, treinta días no son muchos...
La verdad es que la película es bastante desasosegante, si bien le sobran algunos minutillos en determinadas escenas (tampoco muchos, ojo). Mitchum está estupendo en su papel de reverendo psicópata, los niños no sobreactúan y están muy inocentes y tiernos, y Lillian Gish también está muy bien en su papel de anciana bondadosa. Estás toda la película sufriendo por el destino de esos pequeños a merced de un lobo con piel de cordero, que consigue engañar con sus palabras aparentemente piadosas y su actitud de galán de película a la mayoría de hombres y mujeres. Y te preguntas si finalmente los niños faltarán a la promesa realizada a su padre, y sobre todo, cuál será el precio que se verán obligados a pagar por el silencio...
Lo único malo es ese final un tanto moralizante que tiene. Sé que es normal en una película de 1.955, pero contrasta con la crueldad y el sadismo (sin sangre ni exceso de violencia, y esa es una de las grandes bazas de la película: la violencia es psicológica, más que física) que impera durante toda la película. Aun así, la recomendaría si me preguntaran...
2 Febrero 2009
Hace mucho que tenía pendiente ver este anime. Demasiado, tal vez. Después de verlo, creo que me hubiera gustado mucho más si hubiera sido más jovencita...
El manga (y por extensión el anime) se centra en una época histórica determinada: los años que circundan a la época de la restauración Meiji en Japón. Durante aquella época, Japón se dividió entre aquellos leales al tradicionalista shogunato Tokugawa, y aquellos partidarios de un nuevo orden (la restauración Meiji). Una de las consecuencias más importantes que tuvo la restauración Meiji fue la desaparición de los privilegios de los samuráis, que se vieron obligados a cambiar su modo de vida. Entre otras cosas, estaba prohibido que una persona que no fuera parte del ejército o de las fuerzas del orden portara espadas por la calle.
El manga y el anime comienzan unos diez años después de la restauración Meiji, aunque como introducción también se narran algunos eventos importantes que tuvieron lugar antes de ese momento. En particular, en la introducción se narra la historia de un joven y misterioso samurái partidario de la restauración Meiji, al que se conoce con el nombre de Hitokiri Battousai (algo así como Battousai el carnicero). Su verdadero nombre e identidad fueron desconocidos para muchos; lo único que se sabía de él era que se trataba de un muchacho recién salido de la adolescencia, de aspecto engañosamente delicado y afeminado, con un largo cabello pelirrojo y una cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda. Bajo su aspecto suave, Hitokiri Battousai fue un auténtico asesino que mató sin piedad a grandes figuras del shogunato Tokugawa. Sin embargo, tras la restauración, el nuevo gobierno temió que los samuráis que trabajaron para ellos revelaran muchos secretos de guerra; así que la mayoría fueron asesinados. En cuanto a Hitokiri, en algún momento de la restauración pareció cambiar de opinión acerca de su papel como asesino (por motivos que serán revelados después, durante el transcurso de la historia). Dejó de matar y desapareció como tragado por la tierra, y no se supo nada más de él durante mucho tiempo.
Diez años más tarde, una jovencita llamada Kamiya Kaoru, que lleva el dojo de su difunto padre y enseña la técnica de lucha Kamiya, se ve obligada a enfrentarse a un tipo que dice ser Hitokiri Battousai y que está asesinando cruelmente a muchas personas utilizando la técnica Kamiya. Durante su búsqueda del asesino por las calles de la ciudad, Kaoru se encuentra a un amable vagabundo de nombre Himura Kenshin, quien lleva consigo una extraña espada samurái de filo invertido a pesar de la prohibición de que aquellos que no sean policías o fuerzas de seguridad porten armas de metal. Se trata de un hombre aún joven, amable y muy educado, que se ofrece a ayudar en la lucha. De hecho, es un espadachín asombrosamente diestro, que derrota sin ningún problema al tipo que se hacía llamar Battousai. Sin embargo, Kaoru ata cabos al darse cuenta de que el amable vagabundo es un gran samurái de aspecto levemente afeminado, pelirrojo y con una cicatriz en forma de cruz en la mejilla, mientras que el tipo derrotado que decía ser Battousai es a todas luces un impostor. Pero aun así, al tratarse de una muchacha de gran corazón, y al ver en el vagabundo a un alma en paz y de gran amabilidad y preocupación por el sufrimiento ajeno, en lugar de al supuesto asesino que es, ofrece al verdadero Battousai un lugar en el dojo Kamiya, para que tenga un sitio en el que vivir.
Sin embargo, Kaoru pronto descubre que el pasado de Kenshin no quiere quedarse atrás. O quizá sea que sus antiguos aliados y enemigos no quieren que se convierta en el amable hombre defensor de los débiles que ahora es: un hombre que busca la paz y no desea volver a matar, aunque por ello su propia vida se vea puesta en peligro...
No he leído el manga, pero tengo entendido que anime y manga son prácticamente iguales hasta el capítulo 70 (más o menos) del anime; más o menos hasta el enfrentamiento de Kenshin con su asesino sucesor, el también gran espadachín y sádico asesino Shishio Makoto. Y que a partir de ahí, divergen completamente. Me lo creo, porque precisamente a partir de ese capítulo, el anime decae enormemente y muere de manera increíblemente floja en unos 25 capítulos más. Una lástima, teniendo en cuenta la historia, que es conmovedora por la lucha de un hombre con las manos manchadas de sangre, que tiene las agallas de enfrentarse a su pasado, superarlo, y vivir en paz con él para no volver a repetirlo jamás; incluso si tiene que morir para ello.
Ese final ha sido una pequeña decepción, igual que lo fue para mí el final del anime de Fullmetal Alchemist. Pero bueno, qué se le va a hacer...
A pesar de todo, es un anime que recomiendo. Tal vez el final no esté a la altura del resto de la serie, pero hasta el punto álgido está muy bien. Y la historia es bonita, por ese espíritu de lucha, paz y superación personal que presenta. Sin demasiada ñoñería, además.
1 Febrero 2009
El único Goya con el que estaré de acuerdo en mi vida (creo)
1 feb 09 Autor: agente_naranja En: Cine y televisiónNo suelo ver cine español. Me deprime. Y eso que hay películas españolas que me han entusiasmado, como El verdugo o Viridiana. Pero claro, hace mucho que se rodaron esas dos películas. Y sólo hay que echar un ojo a los directores para darse cuenta de por qué me gustan tanto.
Un amigo mío (Rodya, para más señas) dice que los Premios Goya sólo sirven para inflar el ego de los mediocres directores españoles y para justificar las enormes subvenciones que se dan al cine español. Y que, por tanto, sólo premian la mediocridad. Yo no creo que la cosa sea tan radical, pero sí creo que Rodya tiene su parte de razón. No se entiende cómo una película como, por ejemplo, Alatriste, que lo único bueno que tiene es una fotografía preciosa (eso sí hay que reconocerlo), tuviera del orden de 15 candidaturas.
Sin embargo, y sin saber aún cuáles son los premios concedidos para las películas de 2.008, sí que estoy de acuerdo con el único Goya que ahora mismo se sabe. Este año le darán el Goya Honorífico a uno de los padres del cine de serie B terrorífico-erótico, Jess Franco. No es que yo sea una entusiasta del cine de Jess Franco; pero la verdad, un tipo que se ha pasado toda su vida haciendo este tipo de películas (más de 180 en su haber) y que haya conseguido marcar tendencia internacionalmente, se ha ganado ese premio y algunos cuantos más.
Y no, no lo digo sólo por cogerle cariño a su personaje del maestro Miyagi en Kárate a muerte en Torremolinos. Aunque su personaje estaba francamente gracioso.
«¡Culebrilla!»
Francamente, la Academia Española de Cine (o como se llame) no volverá a dar, seguramente, un premio mejor.
18 Enero 2009
Buenos días... hoy toca peli. De las buenas.
«Get off my lawn!»
Que el sr. Clint Eastwood ha trabajado con grandes directores durante su carrera cinematográfica es algo que todos sabemos, más o menos. Que, además, sabe sacarle el máximo provecho a cualquier papel que le den, es algo que todos hemos visto en su filmografía. Y por eso a nadie le extraña que este caballero de 79 años sea actualmente uno de los mejores directores de cine estadounidenses en activo.
El 2.008 ha sido prolífico en películas dirigidas por el sr. Eastwood. La más conocida en España, que se estrenó hace poco en los cines, es El intercambio; película que aún no he visto, pero que tengo ya entre mi lista de pendientes. La otra, que según los rumores se rodó en sólo 35 días, y que ya se estrenó en EEUU pero aún no en España (así que por favor ahórrense los comentarios sobre cómo es posible que ya la haya visto, porque la respuesta es bastante obvia), es Gran Torino. Película que sí, como su nombre indica, incluye un Gran Torino del 72. Y también incluye a un americano cascarrabias con afición a las armas.
Eastwood, en esta película, no sólo dirige, sino que además interpreta a su personaje principal. Que no es Harry Callahan (otro rumor desmentido), sino un veterano de la guerra de Corea llamado Walt Kowalski. Walt es un tipo antipático y bastante anticuado, cuyo primer contacto con otras culturas fue precisamente la guerra de Corea. Contacto que, visto lo visto, no quiere repetir. Así que es un pelín racista, por decirlo de forma suave. Y para más inri, su familia es de las pocas familias blancas que quedan en el barrio (barrio por otra parte plagado de bandas callejeras), por lo que se pasa el día entero despotricando acerca de sus vecinos, sus costumbres y sus orígenes. Por cierto, cuando digo su familia me refiero a su mujer, su vieja perra Daisy y su Gran Torino del 72, que él mismo construyó. En cuanto a los hijos y nietos de Walt... digamos que ni ellos quieren saber nada de Walt, ni Walt de ellos. Así que, cuando la mujer de Walt muere, él se queda completamente solo. Salvo por el párroco, el padre Janovich, que prometió a la mujer de Walt que cuidaría de su marido y le arrancaría una confesión para que éste se perdonara a sí mismo su pasado. Así que el bueno del párroco no hace más que meterse en el camino de Walt y llevarse todas las broncas y peroratas del anciano.
Los vecinos de la casa de al lado de Walt son hmong, y aunque son gente pacífica, los jóvenes de la familia, Sue y Thao, no se libran tampoco del acoso de las bandas callejeras. Ni siquiera de las bandas hmong, lideradas por un primo de ellos. De hecho, quieren integrar a Thao en la banda, y lo convencen para que éste robe el Gran Torino de Walt. Sin embargo, una serie de circunstancias lleva a Walt a salvar inintencionadamente a Thao de la banda hmong, hecho que le granjea la simpatía de parte de sus vecinos asiáticos. Y aunque Walt no quiere la simpatía de nadie, y menos aún de gente que le recuerda a su pasado en Corea, los vecinos son gente bastante terca e insisten en agradecerle su valor. Claro que las bandas callejeras no están muy contentas con ese viejo metomentodo...
Estoy de acuerdo en que la película, en sí misma, no cuenta nada nuevo. Es más, se trata de la historia de un tipo retrógrado y amargado, que no quiere saber nada de ninguna cultura asiática porque ya tuvo bastante en Corea, y que finalmente, al verse inmerso de lleno en esa cultura, descubre que no es para nada lo que esperaba. Y también es la historia de la amistad que Walt desarrolla con sus vecinos, al descubrir que, al contrario de lo que él pensaba, la raza no les convierte en absoluto en malas personas. Hemos visto este argumento, o variaciones del mismo, en muchísimas películas. Sin embargo, Eastwood lo cuenta de forma totalmente creíble, desarrollando poquito a poco los personajes, y dirigiendo a sus actores de manera que hagan exactamente lo que se espera de ellos, pero con total naturalidad. Y llega a una conclusión, al final de la película, tan sensible y tan hermosa, que no puedes evitar quitarte el sombrero ante este anciano director.
En cuanto a escenas destacables que considero sencillamente soberbias: el velatorio en la casa de Walt tras el funeral de su mujer, y sobre todo, el contraste entre las dos confesiones que realiza Walt en la película, ambas con malla metálica mediante: la formal y la real.
Si la véis (es más: vedla), ya me comentaréis qué os ha parecido.
Un besote
PD: Para el que se lo esté preguntando, las imágenes de esta entrada están sacadas del enlace a la película en IMDB.
16 Enero 2009
(Vía Ki, que siempre encuentra vídeos graciosos)
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